Aportación de Área de relaciones internacionales de Nación Andaluza a la CUMBRE DE LA UNIDAD DE LOS PUEBLOS CONTRA LA OTAN que se celebrará en Barcelona el 27 y 28 de junio de 2026.
1. Historia de las bases de la OTAN en Andalucía
La implantación de bases militares de la OTAN en Andalucía no es un fenómeno coyuntural ni responde a necesidades defensivas del pueblo andaluz. Es, por el contrario, la manifestación más evidente del carácter neo colonial que el imperialismo estadounidense y sus aliados europeos han impuesto sobre nuestro país, ya colonizado por Castilla a finales de la Edad Media. Hoy, para comprender la función actual de estas bases en el entramado imperialista, resulta imprescindible rastrear su genealogía, sus orígenes y las transformaciones que han experimentado hasta convertirse en los nodos estratégicos que son hoy.
El punto de partida se sitúa en 1953, con la firma de los Pactos de Madrid entre el régimen franquista y los Estados Unidos. Aquellos acuerdos, rubricados en plena Guerra Fría, supusieron la cesión de suelo andaluz a cambio de reconocimiento internacional y apoyo económico para una dictadura franquista que agonizaba en el aislacionismo. La base naval de Rota (Cádiz) y la base aérea de Morón de la Frontera (Sevilla) nacieron entonces como enclaves del Strategic Air Command estadounidense. Desde el primer momento, su función fue ofensiva: Rota se concebía como base de submarinos nucleares con capacidad de dar un primer golpe contra la Unión Soviética, mientras Morón servía como plataforma de proyección hacia Oriente Medio y el Norte de África. Los pactos de 1953 incluían cláusulas secretas que ni siquiera las Cortes franquistas llegaron a conocer. El imperialismo yanqui con la aquiescencia de Franco imponía su ley sobre el territorio andaluz sin contrapartida alguna para sus habitantes, salvo la presencia de tropas estadounidenses, la imposición de una jurisdicción extraterritorial y la integración de Andalucía en la cadena logística del Pentágono.
Con la muerte del dictador y la transición al régimen del 78, las bases no solo no se desmantelaron, sino que se consolidaron. El Convenio de Amistad y Cooperación de 1976 y los posteriores protocolos de enmienda mantuvieron la presencia militar estadounidense. La entrada del Estado español en la OTAN en 1982 —ratificada mediante un referéndum en 1986 bajo un régimen de manipulación mediática y presiones imperiales— no hizo sino normalizar jurídicamente lo que ya era una realidad material: la inserción de Andalucía y todo el Estado español en la arquitectura militar del imperialismo occidental.
A lo largo de las décadas siguientes, esa presencia militar se ha expandido. A Rota y Morón se sumaron otras instalaciones: la base de Viator (Almería), sede de la Legión española y pieza clave en el adiestramiento de tropas de la OTAN; las instalaciones de Córdoba en construcción, donde se situará la Base Logística del Ejército de Tierra, la base del INTA en El Arenosillo (Huelva); el puerto civil de Algeciras, cuya militarización es incipiente; y el propio enclave colonial andaluz de Gibraltar, bajo soberanía británica, que opera como base aeronaval de la Royal Navy y centro de inteligencia de la Alianza Atlántica.
El crecimiento de estas infraestructuras ha sido paralelo a la escalada belicista del imperialismo. En los años noventa, durante las guerras de los Balcanes, Morón y Rota sirvieron como centros de comando y reaprovisionamiento para las operaciones de castigo contra Serbia. En los años 2000, con la invasión de Irak, el papel de las bases andaluzas se intensificó: Rota se convirtió en escala obligada para los vuelos de la CIA con destino a los centros de tortura en Europa del Este y la base de Guantánamo. La prensa internacional documentó decenas de escalas de aviones fletados por servicios de inteligencia estadounidenses en suelo andaluz, siempre con la complicidad activa de los sucesivos gobiernos españoles.
A partir de 2011, con la nueva guerra imperialista contra Libia, el despliegue se amplió. La base de Rota fue utilizada por aviones de la OTAN que bombardearon Trípoli y otras ciudades libias. Morón acogió a efectivos estadounidenses que coordinaron operaciones de ataque. La destrucción de Libia, que sumió al país en una guerra civil permanente y abrió las puertas a la penetración del caos planificado por el imperialismo en el Norte de África, se planificó en parte desde las bases situadas en Andalucía.
El salto cualitativo definitivo llegó en 2014, cuando el Pentágono decidió desplegar en Rota cuatro destructores del sistema Aegis como parte del denominado Escudo Antimisiles. Bajo el pretexto de defender Europa de supuestas amenazas balísticas, lo que se instaló en la bahía gaditana fue un sistema ofensivo de primer orden, integrado en la estrategia de superioridad militar global de Estados Unidos. Los seis destructores, con capacidad para interceptar misiles pero también para lanzar ataques de precisión a miles de kilómetros, convirtieron a Rota en la principal base de la US Navy en el extranjero, como reconocería años después el propio jefe de operaciones navales estadounidense durante su visita en 2026.
En paralelo, la base aérea de Morón ha experimentado un proceso de ampliación constante. En 2026 se anunció una inversión de 400 millones de dólares para modernizar sus instalaciones, mientras se construía un nuevo hangar para aviones pesados en Rota, ignorando las amenazas del entonces presidente Trump sobre supuestos repliegues. La realidad es tozuda: ningún gobierno estadounidense ha contemplado jamás la posibilidad de renunciar a estas posiciones estratégicas. Pero también hay que decir que ningún gobierno español se ha planteado nunca seriamente cuestionar esta presencia.
El caso de Viator, en Almería, merece mención aparte. Allí se va a instalar la multinacional española de armamento Escribano M&E con estrecha colaboración con el Ente sionista, lo que vincula directamente a la industria militar del Estado español —con su creciente capacidad exportadora— con el complejo militar-sionista que sostiene la ocupación de Palestina y las agresiones contra los pueblos del Oriente Medio. La base de Viator, además, ha sido el centro desde el que la Legión ha formado a militares ucranianos, utilizando incluso la ciudad de Ronda como campo de adiestramiento para las tropas de un régimen títere del imperialismo occidental en su guerra proxy contra Rusia.
Andalucía ha sido, pues, progresivamente integrada en una red de bases, puertos y centros logísticos que la convierten en una de las zonas más militarizadas del continente europeo. Esta militarización no ha respondido nunca a la existencia de una amenaza real contra el pueblo andaluz, sino a los intereses geoestratégicos del imperialismo estadounidense y sus socios subalternos. Ha sido posible, en buena medida, por el desempleo estructural, la precariedad y la fuerte emigración a los que se han visto abocadas las clases populares andaluzas. La historia de estas bases es la historia de una colonización medieval, una reciente cesión de soberanía impuesta por la dictadura franquista perpetuada por el régimen monárquico-parlamentario, insertando forzosamente nuestra tierra en la cadena de agresión imperialista global.
2. Relación entre las bases españolas, británicas y estadounidenses de la OTAN en Andalucía
El segundo elemento que resulta imprescindible analizar para comprender el papel de Andalucía en el entramado imperialista de la OTAN es la relación estructural que existe entre las distintas bases —aparentemente de titularidad y bandera diferentes— que se asientan sobre nuestro suelo. Bajo la apariencia de una diversidad de mandos y funciones (estadounidenses, británicas, españolas), lo que en realidad opera es un sistema integrado de dominio militar que actúa bajo el paraguas único de la OTAN como brazo armado del imperialismo colectivo.
Conviene desmontar, en primer lugar, el mito interesado de la soberanía nacional. La propaganda oficial de los sucesivos gobiernos de Madrid ha insistido en la idea de que las bases de utilización conjunta hispano-norteamericana (Rota y Morón) responden a acuerdos bilaterales entre Estados soberanos y que, en última instancia, la autoridad última corresponde al Estado español (un Estado que usurpa la soberanía del Pueblo Trabajador Andaluz). Ni obviando su carácter de Estado subimperialista las bases cumplen esa premisa. Los convenios bilaterales son, en la práctica, subproductos del paraguas de la OTAN: establecen los términos de la ocupación, pero la función estratégica de las bases viene determinada por el mando integrado de la Alianza Atlántica, es decir, por el Pentágono.
El caso de la base naval de Rota es paradigmático. Allí conviven fuerzas estadounidenses y españolas, pero la cadena de mando real para las operaciones relevantes es la de la US Navy, coordinada con el mando de la OTAN en Nápoles. Los destructores del sistema Aegis desplegados en Rota están bajo control operativo estadounidense, y su misión —la defensa antimisiles— está integrada en la arquitectura de mando de la OTAN. Cuando estos buques han participado en operaciones de agresión, como los bombardeos contra Irán en 2026, lo han hecho bajo bandera de Estados Unidos pero con el respaldo logístico y político de toda la estructura atlántica.
Morón presenta características similares. En sus instalaciones operan fuerzas especiales estadounidenses, aviones de transporte estratégico y unidades del Mando de Operaciones Especiales. La base fue utilizada intensivamente durante la agresión a Irán de 2026, con más de 70 vuelos en el primer mes de operaciones. Formalmente, el Estado español puede vetar ciertas operaciones —como hizo teatralmente tras el veto a determinados tránsitos—, pero en la práctica la operatividad de la base no se vio afectada. Los submarinos y aviones estadounidenses continuaron operando en Rota sin interrupción, porque la pertenencia de estas instalaciones a la red de mando de la OTAN las sitúa más allá del control real de las autoridades estatales.
La integración de las bases bajo mando único de la OTAN se hace aún más patente en el caso de Gibraltar. El enclave colonial británico, entregado por los Borbones a Reino Unido en 1713, es una pieza fundamental en el dispositivo de la Alianza. La Royal Navy inunda hoy el Estrecho de drones para vigilar portaaviones y submarinos, y durante la guerra contra Irán de 2026 la colonia participó activamente en las operaciones. Gibraltar es, de facto, una base de la OTAN en suelo andaluz bajo administración británica, cuya función se coordina con las bases estadounidenses de Rota y Morón y con las instalaciones militares españolas más importante como la de Viator.
Precisamente en el mismo Estrecho el puerto de Algeciras, de carácter civil hasta ahora, ejemplifica el proceso de convergencia hacia un único sistema integrado. Tradicionalmente un puerto civil, en los últimos años se está proponiendo su conversión en un eje militar del Estado español en Andalucía, con inversiones en infraestructura que permitan el atraque de grandes buques de guerra y su utilización como base logística para operaciones de la OTAN en el Mediterráneo y el Atlántico. La complementariedad con Gibraltar es evidente: ambas orillas de la bahía de Algeciras quedarían así integradas en un único dispositivo de control del Estrecho.
La base de Viator añade un elemento más a esta red integrada. Como cuartel general de la Legión española, Viator ha servido para proyectar fuerzas del Estado español en operaciones de la OTAN (como el despliegue de 1.600 soldados y 300 vehículos en Eslovaquia en 2026) y para adiestrar a tropas ucranianas. La Legión, cuerpo fundado por el militar franquista Millán Astray, opera bajo mando estatal en tiempos de paz pero se integra inmediatamente en la cadena de mando de la OTAN en cuanto se activan los protocolos de la Alianza. La presencia en Viator de la empresa armamentística Escribano M&E reforzará el carácter de nodo militar-industrial de la base.
En Andalucía no hay bases dispersas de países diversos: alberga un complejo militar integrado de la OTAN que se despliega sobre nuestro territorio de forma capilar, con diferentes ropajes jurídicos pero con una unidad de propósito y de mando. Las bases estadounidenses, británicas o españolas forman un único sistema de la OTAN que utiliza las diferentes banderas como cobertura política y jurídica para una presencia militar del imperialismo. La función última de todas estas instalaciones es la misma: asegurar el control del Estrecho de Gibraltar y sus accesos atlánticos y mediterráneos, proyectar la fuerza militar imperialista hacia el norte de África y Asia Occidental, y garantizar la superioridad logística del imperialismo en esta región geoestratégica de primer orden.
Esta realidad es la que el movimiento antiimperialista andaluz hemos denunciado durante décadas, frente a la narrativa oficial que presenta las bases como concesiones bilaterales o como contribuciones a una defensa común inexistente. No hay defensa común: hay una estrategia de agresiones imperialistas, y las bases en Andalucía son un eslabón fundamental de esa agresión.

3. ¿Por qué el gobierno de Madrid no desmantelará las bases?
Las razones que explican la permanencia y ampliación de las bases de la OTAN en Andalucía exigen un análisis que trascienda la mera constatación de los hechos para adentrarse en la estructura profunda del régimen político y económico del Estado español y en su posición subalterna dentro del sistema imperialista. La respuesta ha de buscarse en tres dimensiones íntimamente relacionadas: la dependencia estratégica, los intereses de clase de las burguesías estatales y el papel de su ejército como garante interno del orden establecido.
En primer lugar, el mantenimiento de las bases responde a la dependencia estructural que el régimen del 39-78 mantiene respecto al imperialismo estadounidense. El Estado español es una potencia de segundo orden que ha construido su inserción internacional sobre la base de su alineamiento con Washington. Esta alineación no es producto de una decisión coyuntural, sino que hunde sus raíces en la propia fundación del régimen borbónico parlamentario actual, diseñado bajo la supervisión del Departamento de Estado y la CIA. La “Transición” fue tutelada por el imperialismo estadounidense, que vio en la monarquía juancarlista y en el bipartidismo la garantía de continuidad de los pactos militares firmados con Franco.
Desde entonces, todos los gobiernos de Madrid, independientemente de su color político, han considerado las bases como un activo irrenunciable de la política exterior y como el principal vínculo material con la superpotencia hegemónica. El actual gobierno del PSOE y Sumar, lejos de cuestionar este legado, ha profundizado en él. En 2026, en plena escalada belicista contra Irán, Madrid y Washington renovaron el convenio de utilización las bases de Rota y Morón sin el menor debate público, al tiempo que se autorizaban nuevas inversiones millonarias y se ampliaban las capacidades operativas. La misma semana en que se producían movilizaciones exigiendo el desmantelamiento de la base de Rota, el Pentágono renovaba contratos de mantenimiento de sus destructores. Más allá de las declaraciones coyunturales de los cargos políticos, la sintonía entre Madrid y Washington es total.
La dependencia no es solo estratégica, sino también económica. La industria militar del Estado español ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años, integrada en las cadenas de valor del complejo militar-industrial estadounidense y europeo. El 43% de las exportaciones militares españolas entre 2021 y 2025 se dirigieron a Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, tres monarquías del Golfo que son pilares del orden imperialista en Oriente Medio y estrechos aliados de Washington. Las empresas españolas de armamento se benefician de los contratos generados por la presencia militar estadounidense y de la participación en programas conjuntos de la OTAN. Desmantelar las bases supondría cortar estos vínculos y asumir costes económicos que la burguesía española no puede aceptar si no se lo impone un poder popular.
En segundo lugar, hay que analizar los intereses de clase concretos que se articulan en torno a la militarización de Andalucía. La burguesía española, en su fracción industrial-militar, ha encontrado en la OTAN un espacio de acumulación de capital. Las inversiones multimillonarias del Pentágono en Rota y Morón generan contratos para empresas constructoras, tecnológicas y de servicios. Las empresas de seguridad privada, las consultoras de defensa y los lobbies militares conforman un entramado de intereses que presiona activamente para que las bases no solo se mantengan, sino que se amplíen. A ello se suma el interés de la monarquía borbónica; la Corona ha hecho de las relaciones con las monarquías árabes y con Washington uno de los ejes de su diplomacia, de sus negocios y salvaguarda de su propia existencia. Las bases de la OTAN en Andalucía son una pieza más en ese tablero de relaciones clientelares y de tráfico de influencias que caracteriza a la monarquía borbónica y al Estado español.
En tercer lugar, y en un plano más profundo, el gobierno de Madrid no desmantelará las bases porque el ejército del Estado español es, estructuralmente, una fuerza de ocupación interior y de proyección exterior al servicio del imperialismo. Bajo la apariencia de una “defensa nacional”, el Ejército cumple funciones de control social y de garante de la unidad de un Estado plurinacional que solo se sostiene mediante la coerción y la represión. La pertenencia a la OTAN proporciona a los mandos militares españoles prestigio internacional, presupuestos millonarios y una razón de ser que trasciende la mera función represiva interna.
Las bases andaluzas son, además, el destino de gran parte de los oficiales y suboficiales del Ejército español, que hacen carrera en los estados mayores de la OTAN y que participan en operaciones conjuntas. La socialización de las élites militares españolas en la cultura imperialista estadounidense genera un vínculo corporativo que hace impensable, desde la lógica castrense, cualquier planteamiento de desmantelamiento. Las fuerzas armadas españolas nunca han sido un “ejército nacional” en el sentido clásico: son la sucursal local de un ejército imperial, han sido educadas y formadas en la represión interna de la clase obrera y su lealtad última no es a los pueblos trabajadores sino a la cadena de mando de la OTAN.
Es necesario añadir un cuarto factor, de naturaleza geopolítica: el control del Estrecho de Gibraltar. Para el imperialismo, Gibraltar y su entorno constituyen uno de los principales choke points del comercio mundial y del movimiento de flotas militares. El gobierno de Madrid es plenamente consciente de que su valor como aliado subalterno reside precisamente en el control de este paso estratégico, junto con las bases que lo aseguran. Renunciar a las bases sería renunciar a la única carta de valor geoestratégico que posee el Estado español en el tablero imperialista, y eso es algo que ninguna fracción de la clase dominante española está dispuesta a contemplar.
En definitiva, el gobierno de Madrid no desmantelará las bases porque las bases son un pilar material del propio régimen. Son el vínculo de dependencia con la metrópoli imperialista, el espacio de acumulación para la burguesía militar-industrial, el instrumento de socialización de las élites castrenses y la garantía del papel geoestratégico del Estado español. La permanencia de las bases no es un accidente ni un error: es una necesidad estructural del régimen del 39-78, y solo la ruptura con este podría abrir la posibilidad de su desmantelamiento.
4. Necesitamos la unidad de los pueblos contra la OTAN.
Andalucía juega un papel de primer orden en el entramado imperialista estadounidense en Eurasia y el Mediterráneo. Desmantelar las bases militares solo es posible construyendo organización obrera y popular contra el Estado español y contra el imperialismo. Desde Nación Andaluza pensamos que es necesario más que nunca unir todas las fuerzas y colectivo en un gran bloque antiimperialista andaluz.
Modestamente, pero con hechos concretos, hemos conseguido articular un trabajo en este sentido lo más amplio posible, con la creación de plataformas antiOTAN y contra las bases en distintas localidades andaluzas y sobre todo la constitución de la Plataforma andaluza BASES FUERA OTAN NO. Se han conseguido logros como la consolidación de una marcha anual contra la base militar española de Viator, así como la recuperación de la marcha contra la base naval de Rota.
A la vez que vamos trabajando en ampliar y profundizar este bloque antiimperialista andaluz vemos totalmente imprescindible y necesario lograr la mayor coordinación internacional para luchar contra la OTAN y las bases militares, en definitiva, en contra del imperialismo. Coordinación que también debe contemplar a todos los pueblos de la región del Mediterráneo o de ámbitos más extensos. Por eso nos parece muy importantes encuentros cómo este de Barcelona y apostamos por que no se queden sólo en un encuentro sino que sirva para ir logrando una coordinación mundial mayor y más efectiva de las fuerzas antiimperialistas.
¡No a la OTAN! ¡Cerremos todas las bases de Estados Unidos y la OTAN!
Área de relaciones internacionales de Nación Andaluza.
Andalucía, 24 de junio de 2026.
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