Nación Andaluza reivindica a Blas Infante para un independentismo socialista, feminista y ecologista

NA pone en valor el pensamiento del notario de Casares, a quien considera el antecedente de un independentismo anticapitalista, socialista, feminista y ecologista. La organización reclama la obra de Infante, asesinado por su condición de revolucionario andaluz, como base de su proyecto político. Así se refleja en la ponencia política El socialismo infantista, la vía andaluza al socialismo, aprobada en su XIV Asamblea Nacional (consultable aquí).

Los planteamientos políticos, sociales, económicos e históricos que las militantes de Nación Andaluza han desarrollado en su última Asamblea Nacional tienen como antecedentes los postulados ideológicos legados por Blas Infante, tanto en sus obras escritas como en su práctica política, en pos de una Andalucía libre.

Entre las muchas aportaciones de Infante al desarrollo de la ideología liberadora que NA ha denominado como “socialismo infantiano”, una de las de mayor peso ha sido la de confeccionar un relato histórico que parte de una visión de conjunto de la historia de Andalucía relacionando unos periodos históricos con otros a través de un hilo conductor que es el pueblo andaluz, en sus diferentes etapas históricas y a través de las diferentes civilizaciones creadas por él. Blas Infante es precursor de un relato histórico, muy diferente de la ocultación interesada por parte de la narrativa oficial del colonialismo español, en el que se desmontan los mitos de la invasión árabe, reconquista, expulsión de moriscos y repoblación; tesis heterodoxas que historiadores de prestigio han estado en condiciones de poder desarrollar con mayor profundidad en nuestros días. La primera misión que Blas Infante se marcó fue la de hacer visible a una Nación, como paso previo e ineludible sobre el que construir una ideología liberadora del pueblo andaluz como sujeto de derecho, un mismo pueblo que a través de continuadores procesos históricos ha ido desarrollando procesos civilizatorios propios.

El proyecto infantista, por otra parte, fue esencialmente transformador, revolucionario y
popular. Por mucho que desde el poder y las instituciones se pretenda mostrar al Padre de la Patria andaluza como un elemento descafeinado y burgués, Infante se identifica inequívocamente con la construcción de una sociedad nueva, comunista. Se sitúa, según sus propias palabras, entre los “aspirantes a comunistas” (queriendo significar una entrega a lo colectivo que califica de santidad), una expresión de su proyecto revolucionario que se adelanta a su tiempo dándole el peso que requiere a los aspectos éticos de la acción transformadora, y que Ernesto “Che” Guevara emplearía para él mismo cuatro décadas después hablándole a la juventud cubana. Por otra parte, encontramos un paralelismo entre la revolución cultural que Lenin se planteara para el medio rural ruso y el concepto que formula Blas Infante de “Dictadura Pedagógica” (elegido para el título de la obra donde desarrolla estas ideas), si bien en el pensador andaluz pesan de forma especial las influencias libertarias que recibiría a través de amistades como el doctor Pedro Vallina y del anarcosindicalismo, muy presente en el ambiente obrero de nuestro país a principios del siglo XX. Para el Blas Infante que existió realmente, la necesidad de revolucionar la estructura de la propiedad de la tierra en favor del Pueblo Trabajador Andaluz es constante e imprescindible, en un sentido económico, pero también profundamente político. Llama a la ejecución de lo que considera “el paso primero” previo a cualquier otra medida política a tomar en Andalucía. Se sitúa en una radicalidad superior a la izquierda reconocida de entonces y hace palidecer el falso Infante que se proyecta desde las instituciones, especialmente desde la Junta.

Igualmente, el andalucismo histórico en su época consideró necesaria la liberación femenina condenando “aquellas bárbaras leyes que en nuestros códigos civiles esclavizan a lamujer”, en tanto continuadores del legado de la Constitución Andaluza de 1883, que en su artículo 14 declara que “Se reconoce la independencia civil y social de la mujer. Toda subordinación que para ella establezcan las leyes queda derogada desde la mayoría de edad”. Infante hace una apuesta clara por el protagonismo de las mujeres en el andalucismo revolucionario. La llamada “autarquía femenina” fue estimada por los andalucistas revolucionarios de entonces, cuyo feminismo compartió postulados con el sufragismo anglosajón, como aspiración vital para plasmar en realidad su empresa de reconstrucción andaluza. El feminismo andalucista se caracterizó por su fuerte contenido social en la defensa por la consecución de una educación no sexista, en la derogación de leyes restrictivas que impedían la liberación femenina, en el acceso a profesiones liberales hasta entonces vedadas para las mujeres y en la participación de éstas en la vida política con plenos derechos, al tiempo que insistieron en la marginación que sufrían las jornaleras andaluzas (cuya situación analizaron en una serie de estudios), quienes unían a su condición de mujeres la pertenencia a la clase obrera. Encontramos en este feminismo infantiano, a pesar de haber sido construido netamente por hombres, una gran preocupación por la situación de las mujeres andaluzas así como un gran empeño en su liberación, reflejo del espíritu transformador del andalucismo histórico.

Por ende, tampoco podemos olvidar en Blas Infante su extraordinaria sensibilidad hacia los animales no humanos, como sugiere a menudo en su obra la “unidad y la solidaridad entre todas las fuerzas de la vida”. El andalucismo revolucionario fue precursor del ecologismo actual, lo que demuestran las muy sonadas campañas antitaurinas llevadas a cabo por Antonio Ariza Camacho, impulsor de la Asociación Protectora de Animales de Sevilla, en colaboración con otros andalucistas como el propio Infante (quien Blas Infante escribió en verso reflexiones críticas sobre la tauromaquia), Pedro Vallina o Eugenio Noel.

Andalucía, 25 de febrero de 2018.