Se acerca un nuevo 28 de febrero y los medios de comunicación al servicio de la oligarquía volverán a recitarnos la manida leyenda de la “democracia” y “autonomía” que consiguieron las andaluzas y andaluces fruto del referéndum del 28F de 1980. Marcado por el oportunismo político de los partidos defensores del Régimen del 78, este 28F casi todas volverán a hablar de los “cambios y avances” de las últimas décadas en Andalucía sin nombrar las continuidades que expresan nuestra dependencia política y económica. No puede ser de otra forma si seguimos estando ubicadas en el marco del reino de España, la Unión Europea y la OTAN. Un discurso que es apuntalado cada año por unas fuerzas denominadas “andalucistas” o “soberanistas” que distraen a nuestro pueblo con críticas parciales, cuestionando algunos aspectos de nuestra opresión social y nacional pero dejando intactos los pilares en los que se sustenta.
Sin embargo, la realidad es subversiva y se empeña con hechos en negar toda esa propaganda. Por ello hay que ocultarla y manipularla. En cualquier pueblo o barrio de Andalucía vemos hoy que no sólo estamos donde estábamos, sino que incluso en más de un parámetro estamos aún en peores circunstancias que entonces. Vemos como -según el INE- nuestro salario medio mensual es 237 € inferior al estatal y el paro alcanza al 15,27% de la población (mientras es el 9,23% en el Estado), por poner solo dos ejemplos. Nada ha cambiado en lo fundamental: seguimos desempeñando el mismo papel de colonia interior al que nos condenó la división internacional del trabajo en el siglo XIX y la pertenencia -obligada por la presencia del Ejército y la Guardia Civil- al Estado español.
El 4 de diciembre de 1977 se produjo una expresión colectiva masiva de todo el Pueblo Trabajador Andaluz por nuestros derechos nacionales. Dos millones de andaluzas inundaron las calles de nuestra nación y de otros países a los que habían sido obligadas a emigrar. Fue tal el impacto que el Régimen neofranquista trabajó -incluso desde antes de aquel mismo 4D- para su desmovilización y subordinación. Prometió que se entregaría al Pueblo Trabajador Andaluz todo lo que reclamaba para postergar luego sine die la ejecución real de esas promesas. Un año después del primer 4D, los que decían representarnos firmaron los Pactos de Antequera que -ahora sí- se comprometían públicamente a la sumisión a la Constitución española de 1978. Después, izquierda y derecha del Régimen se repartieron los papeles de buenos y malos. Unos defendían la vía del artículo 151 y los otros la del 143 de la Constitución para esa “autonomía” que en realidad era una simple descentralización administrativa. Nada tenía de soberanía política sino que era un sucedáneo de autogobierno. La diferencia entre uno u otro era sólo de plazos o grados pero ninguno conllevaba un autogobierno real y efectivo.

Aquel 28 de febrero de 1980 las andaluzas respondieron masivamente, acudiendo a las urnas y votando sí a esa “autonomía de primera”. La valiosa y masiva movilización durante la campaña del 28F fue una respuesta condicionada por el engaño al que se condujo a las clases populares. De ahí que el 28F fuese tan rápidamente mitificado por el Régimen, convirtiéndolo a partir del año siguiente en el Día de Andalucía en sustitución del 4 de diciembre que lo había sido hasta entonces. Desde 1981 los actos en torno al 28 de febrero se realizan para enterrar la memoria del 4 de diciembre, sustituyendo el proceso y la organización popular en las calles por el acuerdo entre los partidos a sueldo de la oligarquía para que Andalucía siga siendo una colonia interior del Estado español.
“Es urgente una revolución que suprima todas las clases” declaró Blas Infante hace un siglo. El Pueblo Trabajador Andaluz no se puede permitir ni un día más parcheos reformistas ni regionalistas. Es el momento de iniciar un nuevo camino, que se oponga frontalmente al Estado español neofranquista y su dependencia disfrazada de autonomía y al capitalismo en su fase imperialista. Urge la organización y la lucha de la clase obrera por nuestra liberación. No dar ni un centímetro a la conciliación de clase, luchando para la toma del poder por la clase obrera. Aplastar el patriarcado en todas sus formas. Sin soberanía política plena y socialismo, en Andalucía nunca veremos una verdadera democracia.
Este 28F no celebramos nada pero tenemos muchas razones para organizar la Revolución Andaluza, para que las ocho millones y medio de trabajadoras de este país actuemos como una sola y nos sacudamos el yugo de la oligarquía. Por eso llamamos a la clase obrera y todas las clases populares a sumarse activamente a la lucha por nuestra liberación. Cuanto más estemos organizadas, mayor será nuestra fuerza y antes lograremos liberarnos de toda opresión, de toda explotación.
¡Sin soberanía no hay autonomía!
Secretariado Permanente de la C.N. de Nación Andaluza.
Andalucía, 26 de febrero de 2026.
Debe estar conectado para enviar un comentario.